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Buscar un cambio en la necesidad de encontrar el reacomodamiento de la inseguridad de Tres Arroyos, es una premisa. No cabe la menor duda que en el pensamiento y la imaginación de todos los conciudadanos debe haber un gran espacio ocupado para hallar los caminos.
Los medios están. Los cauces legales afloran para ponerlos en práctica. Pero, qué es lo que sucede realmente que no permite un desarrollo adecuado de la actividad preventiva para que los ciudadanos nos movilicemos tranquilos en el camino de la seguridad deseada.
Buscar un cambio en la necesidad de encontrar el reacomodamiento de la inseguridad de Tres Arroyos, es una premisa. No cabe la menor duda que en el pensamiento y la imaginación de todos los conciudadanos debe haber un gran espacio ocupado para hallar los caminos.
Los medios están. Los cauces legales afloran para ponerlos en práctica. Pero, qué es lo que sucede realmente que no permite un desarrollo adecuado de la actividad preventiva para que los ciudadanos nos movilicemos tranquilos en el camino de la seguridad deseada.
Los medios están. Cuando la Municipalidad de Tres Arroyos admitió incorporarse al sistema de las Policías Comunales, iniciativa esta emanada del pensamiento de León Arslanian, el hombre al cual Felipe Solá le confió uno de los ministerios claves para dar respuestas a la ciudadanía, se firmaron convenios, carpetas, acuerdos específicos, en los que quedaba claramente plasmado cuál era la responsabilidad de cada uno de los actores. Qué ponía la Provincia y que debía hacer la Municipalidad en el marco del compromiso asumido.
Para el intendente de Tres Arroyos era algo nuevo. Incluso se puede decir impensado. Cuando Carlos Sánchez, de la mano del vecinalismo lanzó su campaña para ocupar el principal despacho de Rivadavia 1, no tenía en su plataforma como propio el tema de la seguridad. Lo adquirió porque quiso y porque entendió que el desafío era al menos para probar qué resultados podría dar. Porque se sintió y es capaz para hacerlo. Probó un año, firmó por dos y ahora estamos transitando el camino al tercero de Policía Comunal.
Como en todas las cosas de la vida, hay de las buenas y de las otras para contar. Sánchez, en materia de seguridad tiene para contar malas, pero también de las buenas.
Las buenas: llegaron muchos patrulleros nuevos. Aunque hoy tengamos varios de ellos fuera de servicio o fue necesario cambiarlos por el deterioro propio de la falta de atención y mantenimiento, por la urgencia de su exagerado uso, la realidad dice que en Tres Arroyos se cuenta con vehículos policiales en la cantidad suficiente para encarar una tarea preventiva adecuada.
Hay material de trabajo interno bueno: tiempo atrás se redactaban las denuncias y los sumarios en una vieja máquina de escribir, con el tiempo que ello implicaba, con la complicación del carbónico, con las cintas que no tenían tinta y utilizando como papel cualquier borrador que tal o cual empresa aseguradora de Tres Arroyos les regalaba para “usar del otro lado”. Eran tiempos de crisis, de recursos escasos. Hasta faltaba la lavandina para la higiene mínima que requería la Comisaría por entonces. Hoy se escribe en modernas computadoras, donde están grabados de antemano los modelos de denuncias, se descentralizó lo relativo a exposiciones, solo se trabaja lo judicial en la Estación Policial. Hay hojas, hay fotocopias, hay lugares adecuados para el desarrollo de la tarea. Hay Internet, está el 101, contacto directo con bases de datos de autos y personas.
Hay más personal: el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, en el marco de los convenios firmados, y paralelo a la “purga” de lo que denominaron por entonces la “maldita policía”, recuperó los cuadros, hizo un único escalafón, permitiendo que hoy quien sale de la escuela donde lo instruyen para la primera jerarquía que es ser “oficial de policía”, tras seis meses de estudio, puede llegar en su adultez y en una corta carrera a ser “comisionado” que es la máxima posibilidad de ascenso. Y Tres Arroyos recibió personal. Probablemente hoy no sea el suficiente, pero hay policías para organizar una tarea que dé cómo resultado la tranquilidad que hoy pedimos, exigimos, merecemos y no tenemos.
Se creó una Jefatura Departamental en Tres Arroyos, con sede en la ciudad y jurisdicción sobre varios distritos vecinos, se rejerarquizaron las Patrullas Rurales, se quitó el compromiso de la custodia del campo al Escuadrón de Caballería, se perfecciona a la Policía Científica, se sacó del ámbito de la Estación Policial a quienes tienen a su cargo la custodia de puntos fijos, juzgados, insanos, traslados de valores, traslado de detenidos etc.
Llegaron bicicletas que en horas tendrán que estar en la calle con un grupo de oficiales capacitados para ello específicamente, se acordó con el personal horarios de trabajo para no perjudicaros en horas cores o en servicios adicionales, se mejoraron las comunicaciones. La Departamental tiene de hecho facultades para unificar el mando y dirigir a toda la Policía de Tres Arroyos, sea o no sea comunal. Se realizan los operativos saturación. El área de Seguridad Vial, con cierto grado de independencia, se suma a la tarea de todos los días en el control de las rutas y los accesos a la ciudad.
Llegó el control minucioso del movimiento de los patrulleros como para saber dónde están a cada momento, qué recorridos hacen, donde se detienen, cuántos kilómetros trabajan a diario, en fin, un seguimiento que tiene que asegurar el mejor resultado final. Por ejemplo: ya tiene el jefe policial y el Intendente el movimiento de los patrulleros de anoche cuando asaltaron un comisionista? Tienen el recorrido de los patrulleros en la cuadrícula cuando a mano armada atracaron dos almacenes el jueves?. Pues si no lo tienen, el sistema todavía no está a punto o no sirve.
También están las pálidas: echaron a policías corruptos y coimeros, la Justicia dijo que así era y algunos hasta lo admitieron para no tener consecuencias peores, echaron a policías injustamente, la Justicia viene avalando su accionar, hubo necesidad de cambios de mando imprevistos sin poder hacer una selección a buen gusto del intendente, quien políticamente es el jefe, hay un desprecio por Tres Arroyos de parte del Ministerio de Seguridad, justificado en un enojo del propio ministro. Y a ellos se tiene que sumar la diferencia profunda y ratificada en dichos públicos que nadie desconoce entre Carlos Sánchez, los Fiscales y el Juez de Garantías.
A este panorama esta circunscripta la seguridad del partido de Tres Arroyos. Que no tendríamos que generalizarla al distrito. Basta y sobra con la ciudad.
Si hay personal, si hay patrulleros, si hay medios, si hay elementos para control, si hay comunicaciones, qué es lo que falta o falla?.
La conclusión es solo una: falta o falla mando ó falta o falla obediencia. Si falta obediencia, es porque el mando no es firme. La Policía debe ser una organización verticalista, donde uno da órdenes y el resto obedece y las cumple.
Pero aunque no quieran creerlo, ello no pasa en Tres Arroyos. Y seremos reiterativos de un término que en no pocas oportunidades se ha escuchado. Los problemas de la seguridad se tienen que resolver del umbral de la puerta de entrada a la Comisaría para adentro.
Hay un mando político, en la persona del Intendente Municipal. Ni siquiera derivado al Secretario de Seguridad, que por su idoneidad, simplemente le tiene que dar ideas y planes de trabajo posibles al Jefe de la Comuna, para que Carlos Sánchez los haga ejecutar. Y más aún, quedan dudas que Tres Arroyos tenga un diseño de lucha contra el delito. Y hay un mando operativo, donde la imagen del jefe tiene que ser firme, respetable, ejemplificadora del trabajo, sumarse a la tarea como uno más, impartir las órdenes, pero también escuchar a las jerarquías intermedias que son las verdaderamente operativas, las que consumen horas de trabajo casi a desgano porque no son interpretadas, hasta se podría decir despreciados.
Cuando se pierde la línea del “respeto” y probablemente este párrafo sólo lo interpretarán paredes adentro de la Estación Policial, no se puede pretender que la cosa funcione.
Ha llegado el momento del cambio. Hay situaciones que no permiten avanzar en la búsqueda del mejor y más placentero momento de la seguridad que los tresarroyenses reclamamos y exigimos.
Son momentos políticos. 2007 es un año electoral en el que las cosas se pueden hacer aún mejor porque sin dudas que este espejo en el que se miraran los ciudadanos, el de un Tres Arroyos más tranquilo y ordenados, con los delincuentes tras las rejas, quieren verse con una sonrisa y no con rostro preocupante.
Cuántas veces el Intendente escuchó a los policías que vuelcan su experiencia de años de uniforme en Tres Arroyos?. A cuántos les preguntó mano a mano qué opinión le merece la manera en que están trabajando. Muchos callan y dicen que todo está bien. Y jamás hablarán ni darán una opinión contraria por miedo, si por miedo. No quieren perder buenos horarios, no quieren perder extras, no quieren perder cores, no quieren perder adicionales, no quieren estar en la lista de los “no buenos” y obedientes de una línea de mando que no está en escuadra.
Hoy los tresarroyenses vivimos inmersos en el temor. La pregunta en todos los ámbitos es: y … a vos te robaron.
Cómo que estamos esperando el momento.
Todavía estamos a tiempo de empezar a vivir mejor. Todavía están a tiempo las autoridades para tomar de una vez por todas el tema desde la raíz y cambiar rumbos, actitudes, hombres.
No todo pasa por caras nuevas, además de nuevas tienen que ser eficientes, deben estar comprometidas con la profesión que eligieron como medio de vida, deben devolver a la comunidad lo que el pueblo les ha dado, tienen que trabajar para justificar el sueldo que cobran, esperamos la materialización para que sigan siendo creíbles y para que la delincuencia no se nos siga riéndo en la cara. |