Un mundo desconocido
Hablo en la calle con mucha gente, el tema de la inseguridad es excluyente. Todos tenemos algo que decir, todos opinamos y la gran mayoría hemos sufrido en carne propia un hecho delictivo. Están los que lamentablemente han tenido que pasar varias veces por una situación difícil. Esto lo sabemos todos y en cuestión de opiniones es recurrente escuchar que “la Justicia no sirve”, “que las Leyes están mal hechas” “que la Justicia es lenta” o que “los jueces los dejan sueltos a los delincuentes”.
Que la Justicia es lenta no lo dudo, acabo de bajar la ultima escalera de la Corte Suprema de la Provincia de Buenos Aires, siempre faltaba algo, todo era para la semana entrante, catorce años de lucha, y los que como yo, no conocemos de estas cosas nos resulta muy difícil entender y acceder. Finalmente me convencí que quien tiene las pruebas y la razón, a la larga es quien gana, pero cuando el tema pasa por una cuestión económica, como en el caso que me tocó acompañar muy de cerca, es más simple. El problema radica, creo yo, cuando hay un delito que golpea a la integridad de las personas, cuando alguien hace daño de verdad y pone en peligro las vidas de quienes están tranquilos en sus casas y de pronto un par de delincuentes deciden irrumpir y sacar todo. La semana pasada les contaba el caso de los abuelos Capristo, ellos dormían tranquilamente, uno siente que no hay derecho, que no merecen pasar por esa situación y es muy lógico pedir Justicia.
Sin embargo tengo la sensación que hay una brecha abierta entre lo que es el delito, la noticia que queda entre nosotros y el accionar de la Justicia que llega después. Desconocemos por completo como son los procedimientos y nos quedamos con la amarga idea que la Justicia no sirve, o peor, que no hay Justicia. Pero la mejor forma de saber, de enterarnos es preguntar y tratar de entender. Esto que digo siempre de aprender y aprehender.
Hace casi un año y un poco de casualidad conocí al doctor Gabriel Giuliani, Juez en lo Correccional de Tres Arroyos. Yo no sabía quien era, hasta el momento un señor amable que me abrió la puerta del Juzgado y me cedió el paso, él continuó su camino y yo quedé esperando ser atendida. Pero este hombre volvió sobre sus pasos y me preguntó qué necesitaba. Supuse que se trataba de algún secretario, le conté de mi tarea, se interesó y cuando finalmente descubrí que él era un Juez me quedé sorprendida. “A mí me gusta el contacto con la gente, yo si veo que hay alguien esperando pregunto, de pronto lo puedo ayudar”, me explicó y comprendí que estaba frente al hombre del que había oído hablar tantas veces en la vereda del Juzgado, cuando abogados defensores les señalaban a sus defendidos como presentarse ante el doctor Giuliani: “sacate la gorrita, no mastiques chicle y miralo de frente”.
En la próxima columna les cuento quien es Gabriel Giuliani, cual es su trabajo, que siente, que piensa. Los invito a compartir conmigo sus palabras, a meternos en un mudo para la mayoría, desconocido. Imperdible.